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La sangre naranja
del sol de la tarde,
no te quiso perder.
Si... hasta
parecen fantasmas,
las sombras,
que derramó la selva
sobre tu piel.
Perdoname hermano...
Pero nunca ví animal
tan parecido a mi pueblo
y a mi gente.
Pero... no a todos.
si no la gran minoría
del pueblo poco,
del pueblo humilde,
del pueblo pensante,
el que protesta en silencio,
por que nadie lo escucha.
La gran minoría
del pueblo derrocado
que nunca tuvo trono,
que nunca fué libre,
la del pueblo simple,
el incansable, el loco.
Nuestras tierras... hermano
no son nuestras tierras,
nuestras vidas...
no son nuestras vidas,
nuestros cachorros, hermano,
se mueren de hambre,
hermano perdoname...
"no nos queda mas
que la soledad"
¡quien te la puede quitar!
¡Quien iba a creerlo!
¡por las armas
que te dió la vida
te están matando!
Deberías nacer sin piel
para el ojo humano.
Deberían nacer sin ojos
los que te matan,
deberían nacer sin manos
los que disparan,
sin sangre los que torturan,
sin alma...
Sos el mártir de la selva,
hermano, como tantos hombres,
morirás, sin piedad.
Como el pueblo poco,
el que ya te dije
que está en extinción.
Perdoname hermano...
Perdoname por compararte
con tremenda raza.
Ojalá los hombres, un día,
vuelvan a ser animales.
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Yaguareté Matías Herrera
Córdoba, Argentina
Este
relato
nos
fue
enviado
por Matías para
ser
publicado, quien es miembro de la
Red
Yaguareté.
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