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La ruta
nacional 101, en el tramo que atraviesa el
Parque Nacional Iguazú. Foto: Norberto A.
Nigro - Red Yaguareté. |
Días de calor como siempre, parece que las
mañanas misioneras no conocen procesos paulatinos.
Amanece y todo transpira con las primeras luces.
Pero eran mediados de abril, yo iba con la hermosa
rutina de cruzar la Ruta 101 que va desde Puerto
Iguazú a Comandante Andresito. Una neblina
bostezaba sobre la tierra colorada, eran las 8:15
a.m. Siempre adelante mateando con el chofer y el
boletero del colectivo “Krusse”, hace mas de
veinte años que ellos pelean con el barro, las
piedras y muchas veces tienen que bajar a cortar
algún tronco caído en medio del camino, a fuerza
de hachas, machetes o motosierras. Como no viajar
adelante con ellos!, ¡como perderse uno de tantas
historias, de tanta magia para muchos
inimaginable!
El día anterior había llovido mucho, así que no
sabíamos si podríamos pasar por la “101”, ya que
cuando está muy fea la huella, se retoma la ruta
Ruta Nacional 12 y se llega por Wanda. Pero no,
hoy no. Sube el gendarme, le pide los documentos a
la gente que conoce hace años, y retomamos el
mate. ¿Como?, como se pinta ese color? Como se
dibujan esas lianas?, hoy es tan, tan verde tu
verde…!!! De repente desde el más húmedo y
desvencijado libro de Quiroga, llega otro cuento…,
hecho un grito….!
-Mirá el tigre!!!
¿Qué…?
-Ey…! porteño…! mirá el tigre…!!! (*)
...Estabas recostado… Entre la neblina supiste
elegir una mancha de sol, seguro estaba calentito
ahí.
No podía entender como, con el ruido de este
colectivo viejo, no se espantó antes. Pero fueron
como máximo tres segundos, ¡solo eso!, ¡¿porqué
será lo hermoso tan breve?!, era un adulto, se lo
notaba como envejecido, con las manchas bien
marcadas, contrastantes, como con relieve, al
óleo…. Miró hacia nosotros, amagó hacia la derecha
y con una increíble fuerza, contrajo sus músculos,
y se desapareció fugaz en la capuera.
La selva ya es
otra, ahora soy más pequeño en ella, le tengo más
respeto y más temor, porque ya no creo en
supuestas posibilidades. Ahora y de verdad ya sé
quien manda…
* Porteño se llama en el interior de Argentina
a los que viven en la Ciudad de Buenos Aires o en
sus cercanías.
¡Muchas gracias a Jorge Mazzochi, que compartió
este formidable instante de su vida con todos
nosotros!