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Encuentro con un Yaguareté en el Parque
Nacional Tortuguero
de Costa Rica
Una
tarde, apenas salimos a dar otra vuelta por el río en nuestra
canoa a motor, sencillamente se sentó junto a los arbustos de la
costa, con su elegante saco manchado, un brillante
naranja-amarillo-marrón con los últimos tibios rayos del sol
poniente.
Un Jaguar en vivo! Un Jaguar silvestre! Absolutamente magnífico...
El mítico emperador de las selvas lluviosas de Sudamérica.
El tercer gato más grande del mundo, y definitivamente el menos
observado de todos.
Cuando nos acercamos, fuimos seguidos por su larga, meditativa
mirada.
Luego se levantó lentamente, se estiró formando un arco con su
lomo y
caminó tranquilamente y con absoluta dignidad entre los arbustos. Se
marchó.
Pero al día siguiente, tuvimos la increíble suerte de
encontrarnos con otro Jaguar, unos kilómetros río arriba. Este
sí que era una bestia realmente vieja! Mirada pesada, cara y cuerpo repletos de brutales
cicatrices de batalla, de peleas
con sus presas y semejantes. Al principio, todo lo que vimos
fueron cientos de buitres negros (Jotes). Repentinamente, el
impresionante gato se levantó a una distancia de tan sólo diez
metros, y lentamente desapareció entre la vegetación.
Al lado de la orilla del río yacía el cuerpo de una vaca que el había
matado recientemente, y decidimos aguardar en la otra orilla del
río para ver si regresaba nuevamente hacia su presa. Luego de
menos de diez minutos, las ramas se retuercen entre los arbustos
y el Jaguar volvió a escena. 100 kilos de superpredador, este no
era un pequeño y dulce minino. Más bien traía la muerte en sus
garras.
Nos echó un vistazo cuidadosamente antes de volver al lado de su alimento,
mostrándose sin temor hacia los humanos. Por un momento, se
recostó en la arena de la orilla mirando hacia lo lejos en vez de
a nosotros.
Pero los atrevidos buitres negros atacaban la presa una y otra vez.
El Jaguar silbaba como un inyector de aire comprimido. Otro de los
interminables rounds entre predadores y carroñeros. Cuando
finalmente decidimos continuar río abajo, hizo una falsa carga en
nuestra dirección, los grandes músculos se movían debajo de la
hermosa piel manchada, el vientre bien lleno colgaba, y la punta
de la cola que se movía temperamentalmente.
Una imagen de la fuerza brutal inteligente y cruda.
Que repentinamente es engullida por la selva.


Textos y fotografías Copyright de Staffan Widstrand.
Gracias Staffan por compartir esta
fenomenal historia con nosotros!!!
Para ver las imágenes ampliadas, visitá
www.staffanwidstrand.com
ingresando a la galería del Pantanal.
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