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El tigre que cazó la lancha Elvirita
Imperdibles relatos sobre Yaguaretés.
Por Norberto Angel Nigro.


Este viejo y conocido relato, había quedado -tal vez por estas características- fuera de nuestros habituales Imperdibles. Pero nuestro amigo Aldo Mancini nos sugirió compartirlo con quienes no lo conocen, así es que acá va:

“Nada hacia presumir a los confiados pasajeros de la lancha 'Elvirita', ni menos a su patrón, el avezado hombre del río Paraná, D. Oscar Quintases, que esa tarde de diciembre de 1924, en que viajaban desde Puerto Cazador a Posadas, habrían de hallar como único y extraño ocupante de una canoa que navegaba al garete aguas abajo, a un inmenso y poderoso yaguareté. Las cosas pasaron así: el Paraná estaba muy crecido y transportaba entonces gran cantidad de palos, ramos, árboles enteros, troncos, camalotes.

Aquella tarde de verano de 24 los tres marineros del Destacamento de la Prefectura Marítima de Santa Ana “embalsado”, una suerte de isla flotante formaba con esos palos y otras cosas, que derivaba con la corriente, iba un “bicho”, un animal. Cosa bastante común en creciente y en esa época. Creyeron que podría ser un gran carpincho, aunque sin descartar la posibilidad de que se tratase de una anta, un jabalí incluso, y hasta un venado.

El caso es que, saltando a una canoa, meta remo se dirigieron a su encuentro. Seguramente el animal los vio, porque se agachó escondiéndose entre los palos. Entonces los marineros apuraron la marcha embicando resultó ser un inmenso y decidido tigre que, irguiéndose en toda su estatura se lanzó sin vacilar sobre la canoa. Dándole un zarpazo para arrimarla, en un solo y ágil movimiento saltó a su interior. Los marineros, sorprendidos, recurrieron a lo único que les quedaba: echarse al agua. Por lo que ¡pumm¡, se zambulleron en el Paraná.

Pero con el río crecido no se juega y vestidos como estaban, la cosa era más seria. Por lo que quietitos y disimulados, se prendieron a la canoa. Uno de popa, otro de proa y el tercero a un costado, tomándose de un reborde. Y así, lentamente, la embarcación fue derivando con su extraña carga.

Cuando ya estaban sobre la “corredera” de Santa Ana, apareció la “Elvirita”, la rápida lancha de los hermanos Jacobsen, que en ese entonces hacia el servicio de pasajeros desde Posadas a Puerto Cazador: Venia en el viaje de regreso. Su patrón era don Oscar Quincoses, experto baquiano del río.

Al ver Oscar la canoa, desvió la “Elvirita” para pasar en su cercanía. Fue entonces que los marineros largándose de su precario sostén, nadaron hacia ella. Una vez recogidos y pese a la oposición de los pasajeros, que no querían saber aventuras con un tigre y menos de un yaguareté tan grande como el que estaban viendo, Oscar arrimo la lancha y con su winchester 44 abatió al felino de un certero disparo. Conduciendo a Posadas, fue expuesto en la Subprefectura. Animal muy grande, fuerte, hermoso... medio Posadas desfilo para verlo.

Este relato totalmente verídico, no puede finalizar sin agregarse un detalle aún más singular. Entre los que concurrieron a ver el tigre se hallaba un antiguo y apreciado vecino de esta ciudad. Hombre muy querido, excelente padre de familia y con muchas virtudes, tenia fama -justificada por cierto- de ser muy exagerado en el relato de sus hazañas de pescador y cazador que las más de las veces solo respondían a su exuberante imaginación.

Cuando se halló frente al inmenso cuerpo del abatido yaguareté, se puso a examinarlo con cuidadosa atención, ante el silencio y expectativa de los presentes que de inmediato comprendieron que “algo tenia de pasar...” Luego del minucioso examen general, le levanto una pata y con fuerte voz dijo: “Aaaah... ¡ya me parecía que no me equivocaba... Ahora le conozco por la pisada. Es el mismo que una vez se me escapó raspando cuando ya le tenía asegurado sobre la vuelta de la paleta, porque me falló mi Rémington “colg”...!".

Tomado de: Margalot José A. 1994, sexta edición. "Geografía de Misiones".

 

 

 

 

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