|
Manso pero...
Imperdibles relatos sobre Yaguaretés.
Por Norberto Angel Nigro.
Traemos aquí un relato de Juan B.
Ambrosetti en su trabajo que venimos leyendo,
sobre su primer viaje a las Misiones argentinas y
brasileras del Alto Uruguay (realizado entre
septiembre de 1891 y 1892), donde nos cuenta de un
yaguareté cautivo que conoció por aquellos
lugares:
“Pronto supimos que en un boliche situado sobre el
río había un tigre manso, el que fuimos a ver por
curiosidad. Un tigre manso me pareció muy extraño
como me parece aún ahora, a pesar de que tuvimos
ocasión de verlo simplemente atado al pescuezo por
una delgada cadena, de esas que se usan para sacar
agua de los aljibes. El tigre no era colmilludo,
pero bastante grande de cuerpo, como un adulto:
sino tenía colmillos tenía en cambio las uñas bien
desarrolladas.
Un marinero brasilero jugaba con él, le tocaba la
cola y la barriga sin que el tigre le hiciera
daño, parecía gustarle jugar como a los perros.
Como manifestara mi descontento respecto a la
falta de seguridad, me dijeron allí que ya varías
veces se había soltado y que no hizo más que andar
por el patio, dejándose agarrar luego y amarrar
sin dificultad. A pesar de todo, no me inspiraba
mucha confianza la mansedumbre del tigre, sobre
quien debe primar ante todo su instinto
sanguinario. Jugar con tigre es lo mismo que jugar
con gatos, cuando menos se piensa muerden o arañan
a título de caricia.
Un joven fotógrafo que allí se encontraba, quiso
echárselas de guapo, creyendo poder también jugar
con él, recibiendo una zarpada que felizmente no
hizo más que herirlo un poco en una mano. Pero
cuando se reveló bien tigre fue a la vista de un
estúpido perro perdiguero que entró al patio. El
tigre se agazapaba observándolo, trataba de
esconderse sin perderlo de vista, caminaba con
cautela, sus ojos brillaron siniestramente y
olvidándose de que estaba atado, de repente pegó
un formidable salto hacia el perro, a quien no
alcanzó porque lo detuvo la cadena que cimbró
violentamente. Enojado sin duda, empezó a brincar
y a saltar desesperadamente, tanto que tuve temor
de que la reventase, dada la fuerza increíble que
posee en el pescuezo este animal. Nunca me
olvidaré de la fuerte impresión que me causó la
vista de un animal tan feroz, puede decirse casi
en libertad, y sobre todo me impresionaron más las
actitudes distintas que tomó para echarle el
guante al perro.
Tomado de: Ambrosetti,
Juan Bautista. 2008. Primer y segundo viaje a
Misiones por Juan Bautista Ambrosetti. Comentado
por Juan Carlos Chebez y Bárbara Gasparri. 320
págs. Editorial Albatros (Serie Viajeros
Olvidados), Buenos Aires. (Primera publicación:
1892 al 1894).
Recomendar esta página a un conocido

Imprimir
|